Decían Marx y Engels que los hombres hacen su historia, pero que normalmente bajo condiciones que no eligen ellos. La conciencia avanza siempre, más rápida o más lentamente, de manera gradual o dando profundos saltos cualitativos. Estas tres breves líneas podrían ser el resumen tanto de los dos años de lucha que han llevado adelante los trabajadores y sus familias de la planta de producción y embotellamiento de Coca-Cola en Fuenlabrada, como del libro colectivo que han publicado este mes de abril. Somos Coca-Cola en lucha: una autobiografía colectiva (editado por La Oveja Roja) está compuesto por relatos, entrevistas, fragmentos de conversaciones, reflexiones personales, lágrimas, risas y rabia. De la primera a la última página el lector podrá poner nombres y a veces cara a los anónimos luchadores, a las anónimas espartanas que han resistido contra una de las multinacionales más importantes del planeta.

‘¿Perdonar? Ni perdono ni olvido’

El libro de los trabajadores y trabajadoras de Coca-Cola es la memoria de nuestra clase, la voz que quiere hacerse oír y a la que han negado espacio en los medios de comunicación que, autoproclamándose independientes, han preferido los jugosos y millonarios acuerdos de publicidad con la multinacional. La prensa liberal burguesa ha demostrado una vez más que quien paga al flautista escoge la melodía, y en este caso la melodía era dejar fuera —salvo que sirviera para criminalizar— la lucha de los trabajadores de Coca-Cola.

1.250 trabajadores despedidos, el cierre de 4 plantas productivas y más de 900 millones de euros de beneficios. Sólo resisten los trabajadores de Fuenlabrada, una sección de CCOO combativa, la empresa con el mejor convenio de Madrid, firmado el mismo día que se anunció el ERE. La historia continúa resumidamente: vulneración del derecho a huelga al traer producto de otras partes del Estado, reconocido directamente por Coca-Cola Iberian Partners (empresa que tiene la licencia para producir la bebida en el Estado español), sentencia de la Audiencia Nacional que exige la reincorporación inmediata en sus puestos de trabajo, y direcciones sindicales como la de Jesús Villar vendidas directamente a la empresa. Dilatación del proceso, presión sobre los trabajadores que se ven sin sus salarios y sin la prestación por desempleo, ofertas desde la empresa que son un insulto, como convertir Fuenlabrada en un almacén logístico que diera trabajo a 60 empleados. Compañeros que se caen, mujeres que se plantan y les dicen a sus parejas que luchen y resistan. La historia de la clase obrera se escribe con sangre y lágrimas. Sangre por las cargas de la policía al servicio de la empresa. Lágrimas por las noches en vela, por las familias destruidas, por los trabajadores enfermos de por vida.

La vida de novela negra de Sol Daurella, propietaria de Iberian Partners, está ligada al franquismo quien medió para que su padre, Josep Daurella, consiguiera las licencias para abrir la primera empresa en Cataluña. Hija de la burguesía catalana, está casada con Carles Villarubí, imputado en el caso Pujol. Los trabajadores de Coca-Cola han sufrido las ansias de esta empresaria que no ha tenido ningún pudor de criminalizarlos y lanzar todo el aparato del Estado contra ellos, como demuestra la demanda a la que se enfrenta Juan Carlos Asenjo, presidente del comité de empresa, al que reclaman 8 millones de euros por el producto caducado que la empresa dejó pudrirse en la fábrica. Sol Daurella tiene un anexo propio en el libro que nos recuerda que el beneficio de sus negocios sale de la explotación directa de la clase obrera.

Lecciones de una lucha

La principal cualidad que nos aporta el libro de los trabajadores y trabajadoras de Coca-Cola en Lucha son sus lecciones. Sin grandes abstracciones teóricas, sin grandes citas, sólo sus experiencias. Cómo se tomó conciencia de clase obrera y se salió del sueño de la clase media; cómo aguantaron la presiones de la empresa, el desanimo general que cundió cuando el día 22 de enero de 2014 se publicó el ERE y no dudaron en empezar la huelga indefinida el día 31 del mismo mes. El papel de la mujer trabajadora en la sociedad capitalista, doblemente explotada y, como se refleja perfectamente en el libro, doblemente revolucionaria. Las mujeres, las espartanas, han sido junto al comité de empresa el pilar que ha hecho resistir la lucha. Así lo reconocen ellos en el libro mientras ellas se quitan méritos para ponérselos a ellos.

A través de su experiencia directa los trabajadores han aprendido qué es el Estado burgués, han aprendido que la policía no son más que grupos armados en defensa de la propiedad privada y que la prensa burguesa cumple los designios de los que pagan. Han aprendido que la Justicia no es tan justa, que el gobierno está en manos de las grandes empresas y gestiona sus intereses con mimo y cuidado. Que la separación de poderes no existe ni va a existir bajo el régimen capitalista. Han aprendido a organizar la lucha, que la unión y la sindicalización hace la fuerza, han aprendido que el sindicato es suyo y no de los burócratas.

Como dice el comité de redacción del libro: “sirva este libro para advertir que la literatura del Siglo XXI la ocuparemos también los y las obreras de forma colectiva, generando obra fecunda y germinadora”. Porque ellos han sido, nosotros somos.


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