¡Basta ya de represión en Alimerka! ¡Taida readmisión!

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Entrevistamos a Taida Trujillo, trabajadora de la sección de frutería de Alimerka, concretamente de la tienda de la calle Los Moros de Gijón, recientemente despedida.

El Militante.- Cuéntanos cómo y por qué se ha producido tu despido.

Taida.-  La mañana del lunes 2 de diciembre fui despedida fulminantemente. Sin que nunca se me hubiese hecho ningún apercibimiento ni comentario negativo respecto a mi trabajo, de un día para otro se me cita en las oficinas y allí se me entrega la carta de despido, firmada ese mismo día, en la que alegan supuestas infracciones laborales de carácter grave, consistentes en tratar mal a clientes basándose en incidentes que son falsos.

La carta es un auténtico montaje para justificar mi despido. Estas acusaciones contradicen  mi experiencia laboral en los ocho meses que llevo trabajando allí, durante los cuales he  obtenido las mejores notas en todas las evaluaciones realizadas por la propia empresa y también por  las agencias externas, como los conocidos como Mistery Shopping, personas que se hace pasar por compradores sin que nosotras sepamos que nos están evaluando, y en cuyas pruebas he sacado el 100% del resultado. Los argumentos de la empresa para mi despido no se sostienen de ninguna manera.

EM.- ¿Cuáles son entonces los motivos  reales de tu despido?

Taida.- La auténtica razón del despido es que he llamado la atención ante mis encargadas sobre cuestiones relativas a los derechos que tenemos los y las  trabajadoras, algo que no entra dentro de lo que la empresa quiere entre sus empleados y empleadas. Noté claramente un cambio de actitud hacia mí en  el momento en el que empecé a reclamar cosas básicas, como la reparación de mi  taquilla que estaba rota, o mi negativa a firmar unos papeles sobre la empresa con fecha de 2017 cuando yo llevaba solo 8 meses y medio contratada y no podía atestiguar nada anterior. A partir de entonces  la empresa comienza a tratarme mal  y ahora llega mi despido.

Un hecho determinante  para comprender la naturaleza del mismo y por qué se produce el día 2 de diciembre,  es que ocurre en el  contexto de la  convocatoria de ocho jornadas de huelga general por un convenio digno en el sector de comercios minoristas, del que Alimerka es la empresa mayoritaria. Yo había manifestado públicamente  mi intención de secundarla,  y no es ninguna casualidad que la carta de despido se me entregue, de esta forma tan acelerada, cuando no habían pasado ni 24 horas desde que la huelga había quedado  oficialmente convocada. 

EM.- ¿Crees que los motivos que han llevado a  tu despido guardan relación con las reivindicaciones por las que se ha convocado  la huelga?

Taida.- Totalmente, y eso que son reivindicaciones muy elementales, pero es que nuestras condiciones laborales son realmente malas;  cobramos salarios de  820 euros y estamos con el agua al cuello mes tras mes para poder pagar las facturas y cubrir las necesidades básicas de nuestras familias. Por eso una de las reivindicaciones es un  salario  de 14.000 euros anuales, el reconocimiento de la antigüedad y categorías.

Alimerka, y otras empresas del sector, venden una imagen de trata familiar y de cercanía, pero luego tienen a sus plantillas, mayoritariamente compuestas por mujeres, en condiciones que no nos permiten conciliar ni poder cuidar de nuestros hijos e hijas. De ahí que también pidamos más días de permiso de lactancia, un segundo día de asuntos propios  o que el tiempo del descanso cuente como horario trabajado y no como ahora que lo tenemos que recuperar trabajando dos horas más todas las semanas. Todos esos recursos, en tiempo, en dinero, en derechos, que el empresario nos niega, nosotras lo tenemos que detraer de nuestra vida y de la de nuestras familias, y no es justo, por no hablar del trato que recibimos en nuestro puesto de trabajo cuando se nos ocurre protestar, en mi caso el despido, por eso hemos presionado a los sindicatos para ir a la huelga.

Ahora los sindicatos han desconvocado la huelga, después de cuatro jornadas muy potentes, porque la empresa ha ofrecido reunirse para hablar del convenio el 13 de enero. Hay expectativas para ver qué pasa en esa reunión, pero yo lo tengo claro, a la patronal le importamos muy poco y si dejamos a un lado las movilizaciones esa negociación, como mínimo, no va a conseguir todo lo que manteniendo la presión en la calle y apoyándonos en la tremenda solidaridad que nuestra lucha ha generado  podríamos obtener. La presión en las calles es la clave y, entre otras cosas, por eso las empresas se quitan de en medio a gente, como yo, que pensamos así.

EM.- ¿En qué punto se encuentra la campaña contra tu despido?

Taida.- Lo primero ha sido contactar con un abogado laboralista para denunciar a la empresa y pedir la nulidad de mi despido. No voy a aceptar que me despidan así, utilizando argumentos falsos para quitarme de en medio, soy una trabajadora que se toma muy en serio su trabajo, que me he dejado mucho tiempo y esfuerzo en desarrollar lo mejor posible mis funciones y la empresa me lo agradece así. Yo lo que veo es que esto es un despido claramente ejemplarizante a través del cual pretender infundir miedo al resto de la plantilla en un contexto de movilizaciones por el convenio. 

A los días de conocer mi despido, con mis compañeros y compañeras de Izquierda Revolucionaria y Libres y Combativas hemos iniciado una campaña de recogida de firmas para enviar a la empresa exigiendo mi readmisión. En unas pocas semanas, y con las navidades por medio, hemos recogido más de 200. La reacción de la gente está siendo muy positiva. La inmensa mayoría se solidarizan con mi caso porque saben que no es algo aislado.

El próximo viernes 17 de enero tenemos el acto de conciliación, y a partir de ahí saldrá después la fecha para el juicio. Sabemos que mi despido no tiene ningún fundamento, pero también sabemos  que lo fundamental es ejercer la máxima presión pública. Lo que las empresas quieren es que pensemos que es imposible conseguir nada a través de la lucha, nos quieren desmoralizadas, que tiremos la toalla y nos vayamos para casa llorando. Probablemente eso es lo que hubiese hecho si esto me hubiese pasado antes de estar organizada, pero ahora lo veo claro; no hay que rendirse nunca y hay que denunciar. Los y las trabajadoras no estamos solas, juntos tenemos mucha fuerza, por eso tenemos que organizarnos y dar la pelea, no tenemos nada que perder.


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