A finales de agosto los trabajadores de la Industria Auxiliar de Navantia en Puerto Real, seguidos por los de San Fernando, se pusieron en pie de guerra ante la falta de carga de trabajo y la perspectiva de despidos masivos, contra la precariedad laboral y contra los reiterados incumplimientos del convenio del metal.

La respuesta de Navantia y de los empresarios de la industria auxiliar fue inmediata: Manuel Balber y Jesús Galván —miembros de la Coordinadora de Trabajadores del Metal (CTM) y trabajadores de la compañía Nervión en Puerto Real— fueron despedidos como represalia y aviso a navegantes. Esta misma empresa actuó de la misma manera en Ferrol en 2006, dejando en la calle a toda la plantilla como represalia por su combatividad.

Lo que había comenzado como movilizaciones para exigir carga de trabajo, se transformó en un paro indefinido de 5 días exigiendo la readmisión de los dos compañeros, el fin de la represión y las listas negras. Durante cada uno de esos días, los trabajadores se reunieron regularmente en asamblea a primera hora de la mañana frente a los tornos en Puerto Real y San Fernando, debatiendo y votando mantener el paro indefinido y las protestas.

Los comités de empresa de Navantia alientan el discurso de la patronal

No es la primera vez que los comités de empresa de Navantia en vez de posicionarse junto a los trabajadores han actuado en la práctica como portavoces de los empresarios. En declaraciones a Onda Cádiz, la presidenta del comité por CCOO, Marga Forné, llegó a asegurar que las movilizaciones no pueden “perjudicar a la carga de trabajo, espantar a los clientes, ni buscar un perjuicio para la industria de la zona” con “actuaciones totalmente salvajes en una apuesta teatralizada”.

Unas palabras en línea con las de FEMCA, la patronal del metal de Cádiz, que en una nota de prensa sostenía esos mismos argumentos para criminalizar la lucha: “La situación es insostenible y las empresas han acordado la suspensión del contrato de las plantillas (…) no entendemos que se pida carga de trabajo usando argumentos y acciones que lo que hacen es ahuyentar a los clientes”.

Durante esa semana de paros, FEMCA envió una circular a todas sus empresas asociadas planteando “que las tres faltas al puesto de trabajo es causa de despido disciplinario”, y animando “a los trabajadores a que se presente denuncia ante las fuerzas de seguridad del estado… y que trasladen a sus sindicatos la manera en que se les está impidiendo trabajar”. La circular terminaba amenazando con el cierre patronal señalando que “el comité de Navantia, CCOO… están al corriente y de acuerdo con esta votación”. ¡Una vergüenza!

Sometidos a esta enorme presión, las asambleas presenciales a las puertas del astillero en Puerto Real y San Fernando votaron por la vuelta al trabajo, pero reagrupando fuerzas y manteniendo una nueva huelga del metal para el 27 de agosto. La huelga, convocada por CTM y CGT, fue finalmente aplazada al 4 de septiembre y aunque tuvo un seguimiento limitado más de 500 trabajadores nos manifestamos en la bahía recibiendo el apoyo de numerosas organizaciones de la izquierda combativa, y la participación de compañeros de Alestis, una de las principales subcontratas de Airbus.

A pesar de las enormes dificultades existentes —el miedo a la pandemia, al paro y a las sombrías perspectivas económicas, la represión y las amenazas—, durante 5 días los trabajadores de astilleros de la Bahía de Cádiz y del metal pusieron contra las cuerdas a Navantia y a la patronal del metal, demostrando que sí existen condiciones para enfrentar la ofensiva de la patronal.

Los dirigentes sindicales de CCOO y UGT, que en tantas ocasiones se justifican alegando la pasividad de la clase obrera, han demostrado en este conflicto que el problema no es ese, sino su propio papel negándose a impulsar y apoyar activamente una huelga justa actuando como los correveidiles de los empresarios. Puede que piensen que han controlado la situación momentáneamente, pero el sindicalismo de clase, combativo y democrático se está abriendo paso en los astilleros de Cádiz y también lo hará entre sus bases.

Por una Navantia 100% pública. ¡Hay que acabar con la subcontratación y nacionalizar todos los sectores industriales estratégicos!

La crítica situación en los astilleros, y ahora también en el sector aeronáutico, no se ha resuelto y se agravará durante los próximos meses. Y los primeros que enfrentan las consecuencias de la crisis son las decenas de miles de trabajadores subcontratados.

Navantia, una empresa pública, entrega millones de euros del presupuesto público a la patronal mientras condena a la mayoría de los trabajadores a la precariedad, salarios inferiores y accidentes laborales que se cobran la vida de muchos de nuestros compañeros. Solamente con los ingentes beneficios que amasan las empresas subcontratadas parasitando al Estado, podrían garantizarse condiciones dignas de trabajo, más empleo y proyectos industriales sólidos y permanentes.

Por eso mismo es hora de levantar una consigna clara, la única que puede revertir la penosa situación que padecemos miles de trabajadores de las auxiliares en la Bahía de Cádiz, Ferrol o Cartagena: el fin de la subcontratación y la incorporación de las plantillas a la principal, a Navantia, con las mismas condiciones y derechos. ¡Hacemos el mismo trabajo! ¡Todos somos Navantia!

En el actual contexto de crisis económica, y ante la nueva reconversión industrial que estamos viviendo como muestran los ejemplos de Nissan, Alcoa o Airbús, es más necesario que nunca defender cada puesto de trabajo, oponerse a cada cierre, rechazar cualquier nueva medida que aumente el desempleo y la precariedad. La única razón para que esto sea así, es que los capitalistas solo se preocupan por sus beneficios, y si no los tienen destruyen el tejido industrial sin ningún reparo, aunque eso suponga una catástrofe social.

Hay numerosas necesidades sociales que cubrir, y empresas industriales como Nissan, Airbus o Navantia deben jugar un papel esencial. ¿No se señala por parte de los dirigentes de CCOO y UGT que necesitamos defender la industria? ¿No se ha dicho esto mismo desde el Gobierno, y desde Unidas Podemos? ¿No hay que tener una alternativa a un modelo turístico barato, de empleos basura y salarios miserables? Y si es así, ¿cómo podemos seguir permitiendo miles de despidos en el metal y en astilleros, cierres de empresas como Nissan, etc?

El Gobierno de coalición debe cambiar el rumbo inmediatamente. No tienen excusas.  Hay que acabar con una lógica que hace de estas industrias una ingente fuente de negocios para grandes multinacionales a costa de cientos de millones de euros de dinero público. Hay que acabar con la subcontratación, y hay que nacionalizar todos los sectores industriales estratégicos privados, la construcción, la siderurgia, la energía, la automoción o la aeronáutica, para que estos colosales recursos no estén al servicio de una minoría de banqueros y monopolios, sino para resolver las necesidades sociales, crear cientos de miles de empleos, garantizar un transporte público de calidad, económico y ecológico, viviendas públicas asequibles, centros de estudios, ambulatorios y hospitales que nos protejan y aseguren una sanidad y una educación digna para todas y todos…

La lucha de los trabajadores de astilleros de Cádiz es solo el comienzo. Hemos abierto una senda, y muchos más la seguirán en los próximos meses.


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