Alrededor de 200.000 trabajadores del metal de Barcelona están llamados a una nueva huelga los próximos 3 y 10 de diciembre. Después de las jornadas del 29 y 30 de octubre, con un paro secundado masivamente, y una manifestación el día 30 en la que participaron 10.000 trabajadores, la patronal del sector (UPM) sigue sin aceptar las reivindicaciones sindicales.
Los miembros de la comisión negociadora por CCOO y UGT han denunciado en reiteradas ocasiones el bloque de la negociación por la patronal, que sigue cerrada en banda, y su “falta de voluntad para alcanzar un acuerdo justo”.
Además de la amenaza que se cierne sobre las cláusulas de revisión salarial del convenio (que han sido eliminadas de otros muchos desde la reforma laboral de 2012) la patronal, con un descaro sin límites, condiciona cualquier avance en la negociación a su exigencia de que las subidas salariales sean absorbidas como complementos del salario base, es decir que en la práctica no haya incrementos salariales. ¡Una vergüenza!
Se niegan también a la exigencia de la reducción de jornada anual que libere 5 días por trabajador al año y un plan contra la siniestralidad en el sector, que a día de hoy está en niveles muy preocupantes: 2,5 veces superior al total estatal incluyendo todos los sectores productivos.
La cerrazón de la patronal se ve reforzada por la actuación del Govern de Salvador Illa. Aunque la Generalitat participa como mediador en las negociaciones y los dirigentes del PSC no pierden ocasión de llamar al “diálogo social”, su actuación concreta ante las primeras jornadas de lucha del 29 y 30 de octubre fue enviar un nutrido despliegue policial que impidió que los piquetes pudieran ejercer su derecho a informar sobre la huelga.
La lucha es el único camino
Los dirigentes de CCOO y UGT han denunciado la cerrazón de la patronal, acusándola de estar “enrocada” e insistiendo en que sus ganancias han aumentado espectacularmente y pueden hacer concesiones. “Los márgenes empresariales están por las nubes. Es una irresponsabilidad llevarnos a un conflicto para llenarse los bolsillos a costa de las condiciones de los trabajadores”[1], señalaba un portavoz de CCOO.
Y es completamente cierto. La pregunta es por qué se sienten tan envalentonados y están a la ofensiva. La razón no es otra que la estrategia de paz social, desmovilización y basarse únicamente en la negociación (y no pocas veces, como hemos visto hace unos meses en la lucha del metal de Cádiz, negociar y firmar a espaldas y contra la opinión de los trabajadores) que durante todos estos años han llevado adelante los dirigentes de UGT y CCOO.
En el caso del metal de Barcelona, desde los años 90 no se había convocado una huelga sectorial en la provincia y eso ha tenido sus consecuencias: un claro aumento de la precariedad para los trabajadores y trabajadoras y la actitud cerril y a la ofensiva de la patronal en esta negociación.
En este sentido, las recientes luchas del metal en Cádiz, Cartagena o Cantabria, marcan el camino a seguir. La patronal ya ha dejado muy claro cuál es postura. También la Generalitat ha dejado claro en qué lado de la barricada se está situando.
Los y las trabajadoras del metal han demostrado su determinación secundando ampliamente las huelgas del 29 y el 30. Esto rompe completamente con el periodo anterior. La movilización en las calles y la huelga general son y serán las armas más poderosas para la clase trabajadora.
Si la patronal y la represión siguen su camino, tendrán enfrente a los trabajadores y trabajadoras del sector, que ya han dicho basta.
Así como las últimas luchas del sector a nivel estatal, han sido una inspiración, hay que extender la lucha de Barcelona al resto de sectores precarizados, empezando por el propio sector del metal en el resto de provincias de Catalunya que ya se preparan para un contexto similar.
Desde Esquerra Revolucionària damos todo nuestro apoyo a la lucha del metal y nos comprometemos a contribuir con ella en todo lo que podamos.
¡Los próximos días 3 y 10 de diciembre todos y todas a la huelga!
¡Qué viva la lucha del metal de Barcelona!
¡Viva la lucha obrera!











