Por su interés reproducimos este artículo escrito por Santiago F. Reviejo y publicado en publico.es
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Manuel Balber y Jesús Galván han conseguido en un país del norte de Europa el contrato que les niegan en su provincia por su labor como sindicalistas pese a la demanda de mano de obra que hay en el sector.
"Uno de los examinadores nos dijo que de los 50 o 60 soldadores que habíamos hecho las homologaciones, yo había sido uno de los mejores. Y resulta que en mi tierra no encuentro trabajo. Eso produce mucha indignación", dice a 'Público' Manuel Balber.
Los dos trabajadores que en abril se encerraron durante 28 días en una grúa de Navantia, en San Fernando, para denunciar la existencia de listas negras en la contratación de mano de obra en el metal de Cádiz han tenido que irse fuera de España para encontrar el empleo que les niegan en su tierra. Manuel Balber, de 55 años y con tres hijos, dos de ellos menores, y Jesús Galván, de 51 y con dos hijos, han sido contratados por una empresa del norte de Europa que ha reconocido su dilatada trayectoria profesional como soldadores, de la que parece que nadie en la provincia gaditana quiere saber nada, como si fueran el mismo diablo.
En este caso hay que tener en cuenta, claro, que Manuel Balber y Jesús Galván son cofundadores de la Coordinadora de Trabajadores del Metal (CTM), sindicato minoritario pero muy combativo en la defensa de los derechos de la mano de obra de un sector que emplea a más de 30.000 personas en la provincia de Cádiz, la mayoría en cientos de empresas auxiliares que trabajan para las cuatro grandes compañías tractoras en la Bahía gaditana que construyen o reparan barcos, aviones y plataformas eólicas: Navantia, Airbus, Alestis y Dragados Offshore. A causa de su actividad sindical fueron precisamente despedidos en 2020 de uno de los últimos trabajos que han tenido en su tierra, tal como reflejó una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que condenó a la empresa a pagar una indemnización por el daño moral causado.
El alcance de esas supuestas listas negras ha llegado a tal extremo que estos dos soldadores, con más de 30 años de experiencia laboral, prefieren no decir en qué país están trabajando, solamente que se encuentra en el norte de Europa, por si alguien pudiese poner en peligro su contrato. Eso, aseguran, ya les ocurrió con alguna empresa española que les había ofrecido un empleo y que, finalmente, se echó para atrás cuando fueron advertidos de que a quienes iban a contratar eran los cabecillas del movimiento sindical contra la vulneración de derechos laborales en el metal gaditano.
A ese país llegaron hace tres semanas después de haber pasado con nota alta un exigente examen previo de selección para comprobar sus aptitudes profesionales. "Uno de los examinadores nos dijo que de los 50 o 60 soldadores que habíamos hecho las homologaciones, yo había sido uno de los mejores. Y resulta que en mi tierra no encuentro trabajo. Eso produce mucha indignación, porque si no existiera el problema de las listas negras, seguro que estaríamos trabajando en Cádiz", dice a Público Manuel Balber.
Si estos dos soldadores no encuentran trabajo en su tierra parece que la causa no es la falta de demanda de mano de obra en el metal gaditano, de acuerdo con lo que ha manifestado públicamente la propia patronal del sector. Hace dos años, en 2024, el presidente de Navantia, Ricardo Domínguez, dijo que la empresa pública naval iba a necesitar hasta 6.000 trabajadores de la industria auxiliar en la Bahía de Cádiz, entre soldadores, caldereros, tuberos, mecánicos, electricistas y otras especialidades. Y el pasado mes de junio, empresarios reconocieron que, ante la falta de profesionales locales, estaban contratando a trabajadores de Perú, Chile y de algún país de Europa del Este. “No hay más remedio que buscar mano de obra en otro sitio”, declaró un patrono a un periódico de la provincia.
De modo que Manuel Balber y Jesús Galván se fueron otra vez de su casa sabiendo que en Cádiz había demanda de mano de obra como la de ellos. Lo veían ellos en los aparcamientos de Dragados y de Navantia, "abarrotados como nunca" de coches de trabajadores contratados. "A una empresa ya la llaman la Vinicius de la Bahía, porque está llena de brasileños", comentan. "Más carga de trabajo que ahora no la ha habido en la vida, diez veces más, pero no para nosotros, que nos hartamos de echar currículum para nada y que lo único que hemos hecho es reclamar los derechos de los trabajadores", se lamentan.

El drama de dejar en casa al padre muy grave
Ante tal situación, estos dos soldadores han tenido que hacer de nuevo las maletas, como ya las hicieron anteriormente para irse a trabajar a Portugal, Francia, Islas Guadalupe, Gran Bretaña, Bélgica, Países Bajos, Bilbao, Tarragona o Avilés. En esta ocasión se encuentran a 3.000 kilómetros de Cádiz, con un contrato por el que les pagan más del doble de lo que ganarían en su tierra, que incluye la vivienda, el coche para desplazarse a la factoría y un billete de avión para volver a casa cada tres meses. Pero ni aún así están contentos, porque el coste personal que deben pagar es muy alto: Manuel, por ejemplo, ha dejado en su casa a su padre en un estado muy grave y sabe que no podrá despedirse de él porque el desenlace puede ser inminente. "Esta vez lo de tener que irme fuera a trabajar ha sido más duro", reconoce.
Estos trabajadores se han ido, además, de España sin conocer aún el resultado de la demanda que presentaron el pasado mes de marzo ante la Inspección de Trabajo por las supuestas listas negras que impiden su contratación en la Bahía de Cádiz, cuya existencia han negado tanto la Federación de Empresarios del Metal de la provincia de Cádiz (FEMCA) como la compañía pública Navantia. A su entender, resulta llamativo que siete meses después no haya todavía una resolución, cuando, además, mantuvieron una reunión con representantes del Ministerio de Trabajo para denunciar el veto laboral que estaban sufriendo en todo el sector a causa de su actividad como sindicalistas.
Según Jesús Galván, a los inspectores les proporcionaron, incluso, pruebas de audios y testimonios en los que se revela la existencia de las presuntas listas negras, entre ellos el del jefe de obras de una empresa que les dijo que no podía contratarlos porque estaban vetados en Navantia.
Después de la denuncia ante la Inspección de Trabajo, hubo una acampada en los aparcamientos de Navantia y luego los dos soldadores fundadores de la CTM se subieron a una grúa de los astilleros de San Fernando, en la que permanecieron 28 días con el apoyo de manifestaciones convocadas por organizaciones sindicales, políticas y sociales en diferentes ciudades de España para exigir el fin de las listas negras que denuncian que existen en la industria del metal de Cádiz. El 6 de mayo, en plena campaña de las elecciones andaluzas, fueron desalojados por la Policía Nacional y conducidos a una comisaría bajo los cargos de desorden público, coacciones y daños a la propiedad.
El caso, en el que se ha personado como acusación Navantia, está aún en fase de instrucción judicial en un juzgado de San Fernando, según los trabajadores denunciados, que ponen otro ejemplo que, a su entender, corrobora las sospechas sobre la existencia de listas negras: cuando se iban a reunir en julio con representantes del Ministerio de Trabajo recibieron una llamada de una empresa de Lituania que buscaba soldadores para trabajar en Navantia, pero luego, cuando se enteraron de quiénes eran, ya no les volvieron a llamar. "Parece un chiste", dice Balber.
Jesús Galván cree que el encierro en la grúa, el apoyo que recibieron de colectivos de toda España, les ha hecho más fuertes, pese a que han tenido que volver a irse lejos para trabajar. "A mí me ha costado, porque llevaba ya un tiempo en casa y coger la maleta a nadie le gusta, sobre todo cuando es por defender los derechos de los trabajadores y tienes que dejar la familia atrás. Pero ahora vemos que toda la sociedad está con nosotros, que la juventud nos ha apoyado, así que venimos diferentes esta vez", explica.
Estos dos trabajadores gaditanos aseguran que van "a seguir dando la batalla", que cuando ahorren un dinero con el trabajo que han conseguido a 3.000 kilómetros de su casa volverán a Cádiz a exigir el fin de las supuestas listas negras que denuncian impiden que les contraten en su tierra, pese a tener más de tres décadas de experiencia profesional como soldadores. “En Cádiz es donde queremos estar”, recalca Manuel Balber.











